«Porque soy mexicano».

Por Daniel Serrano Robles.

Hablar del cine mexicano es complicado. Personalmente, yo creo que es malo. Y no creo que sea malinchismo, pienso que objetivamente es malo en general. Al contrario, me gustaría que fuera bueno, y gracias al cielo hay películas que son la excepción que, por su calidad, se mantienen por sí mismas, merecen y se ganan ese respeto. La época del cine de oro es quizá una de esas excepciones, y es también de lo más representativo de México para el ojo internacional.

Películas como María Candelaria, La Perla, Los tres García, Nosotros los pobres, Doña Bárbara o Los olvidados. Actores y actrices: Pedro Infante, María Félix, Dolores del Río, Jorge Negrete, Pedro Armendáriz, “Cantinflas”, “Tin-Tán”, Sara García, Silvia Pinal. Directores como Emilio “El indio” Fernández o Luis Buñuel (español naturalizado mexicano cuyo ojo extranjero vio algo singular e importante de este surreal país al grado de plasmarlo en una cinta). Cualquier figura de las mencionadas probablemente sea un símbolo que encarna algo “mexicano”, son íconos y referentes fácilmente distinguibles. Pero, ¿por qué en México no hay referentes más actuales? Vamos, ¿por qué ya no hay figuras que representen así lo “mexicano”?, ¿qué representa hoy lo “mexicano” en y desde el cine?

Una respuesta facilona es las condiciones y la percepción de lo “mexicano” han cambiado. Digo, es lógico, ya ha pasado más de medio siglo desde el último suspiro del cine de oro. Sin embargo, ¿qué referentes del cine mexicano tenemos hoy en día? En los últimos años, México ha estado figurando en la escena internacional del cine. Nunca se dejó de hacer cine, pero el “bueno” era más under, de arte o no tan comercial como las producciones extranjeras: Como agua para chocolate, El crimen del padre Amaro, Amores Perros, Y tu mamá también mantenían cierto estándar de calidad, aunque de forma muy espaciada e irregular, y por supuesto, son trampolín y representación del trabajo de actores y directores.

El reconocimiento internacional sobre México ha vuelto con la tríada de directores multipremiados: Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu, así como el destacado desempeño de Emmanuel “Chivo” Lubezki en la fotografía, películas como Roma, La forma del agua, El laberinto del fauno, El lugar más pequeño, festivales como Morbido Film Fest, y los internacionales de Guadalajara y Morelia. Sin embargo, ¿qué y cuánto de lo que es México es palpable en esa representación? De nuevo, no es malinchismo, pero hay que ver la cosas críticamente: ¿por qué esa tríada de directores triunfó como triunfó desde el cine estadounidense y no desde acá?, ¿películas como La forma del agua, El renacido o Birdman son distinguiblemente “mexicanas”?

Es imposible mantener una idea conservadora e inamovible de lo que es México y las personas que lo habitamos cuando se está tan expuesto a la influencia internacional. Es inevitable que la idea de lo que caracteriza a México cambie, y pasará igual con los demás países respecto de México (ahí están los chicanos, los tacos, el aguacate y el tequila), y es interesante eso, ver cómo, a pesar de la inversión de Netflix, Roma nos dice algo de nuestra realidad con la controversial aparición de Yalitza Aparicio, algo muy concreto como la discriminación, el racismo y la brecha social. Es interesante observar cómo se ve a México desde afuera (con películas como Coco o, de nuevo, las películas de Buñuel), y cómo México ve al mundo de afuera (basta decir que La forma del agua es un ejemplo excepcional en cuanto a la discriminación y el racismo en tiempos de Trump y su muro).

Me gusta la maravillosa explicación que dio Guillermo del Toro cuando le preguntaron cómo es que pudo armonizar su visión de lo oscuro y el terror de la naturaleza humana siendo una persona tan alegre y amorosa: “porque soy mexicano”. Así es, porque es mexicano entiende el horror de ver el impacto de la pobreza, de los feminicidios diarios, de la violencia del narcotráfico, pero también la calidez de las relaciones humanas, de qué es ser “el otro”, del valor del folclor y lo fantástico y cuán importante es eso para la vida diaria. A lo mejor no todo el cine mexicano es malo, pero mientras se sigan haciendo refritos y adaptaciones de películas chafas de otros lados, no tendrá la industria del cine en nuestro país el orgullo de decir “porque soy mexicana”.

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