«Cómo entrenar a tu dragón»: un buen desarrollo de personajes.

Por Daniel Serrano Robles.

Me gusta la saga Cómo entrenar a tu dragón porque, a pesar de ser películas infantiles, me transmiten la sensación de que sus personajes maduran y se desarrollan… bueno, por lo menos los principales. Siempre es interesante ver cómo crecen: nos dejan ver más su personalidad y su complejidad, qué piensan y por qué piensan así, cómo se enfrentan y reaccionan a los problemas y a los dilemas, qué aprenden de todo eso y las cicatrices que se hacen en el camino.

Como creadores, no ha de ser fácil lograr ese desarrollo en unos cuantos minutos y que la audiencia “conecte”, que sienta empatía por un personaje. Siempre se agradece que se tomen el tiempo y le den la importancia necesaria como para que su historia signifique algo para alguien. Y eso es lo que me gusta de Cómo entrenar a tu dragón, que respetan a sus personajes y les tratan de una manera seria.

Cualquier película cuyo tono sea infantil tiene personajes memorables. El rey león, Kung Fu Panda, Madagascar, Toy Story los tienen, pero el caso de Cómo entrenar a tu dragón destaca de entre ellas. Claro, puede ser una cuestión de gustos, pero pienso que el desarrollo que tienen Hipo, Astrid, Chimuelo o Estoico es bastante realista, y eso es lo que me llama la atención, no por ser una película infantil dejan de tratar temas como la muerte, los prejuicios o la pérdida, no los evaden. Seguro hay películas mejores, pero, para los estándares del cine comercial, me parece un caso loable. Y eso es lo que me gustaría que otras películas, en términos generales, intentaran más. Que no sean escenas aisladas donde la construcción de la trama o el tema de la película lleve a un sentimentalismo barato.

Por ejemplo, la muerte de Mufasa en El rey león es emotiva, nadie lo duda, pero, si analizamos la película, Simba nunca lidia realmente con la muerte de su padre, parece no importar, le puede más su soledad y su miedo a asumir responsabilidades que tarde o temprano llegan antes que quedarse y encarar el problema. De igual manera, en Avengers: Infinity War, nos llega tanto la muerte de Peter Parker porque él y Tony Stark entablaron una relación casi de padre e hijo, no por una épica lucha con un trágico final; técnicamente, su muerte es resultado del fracaso de los héroes contra el inevitable Thanos por no tomárselo en serio.

En cambio, Hipo y compañía afrontan los problemas de otra manera porque tienen otra dimensión. Digo, sé que son vikingos y podría ser una versión ligera de Game of Thrones, pero eso no le quita mérito. Hipo se las ha visto negras: su mejor amigo mató a su papá, aún era pequeño cuando perdió una de sus piernas, varias veces ha tenido que echarse la aldea en los hombros para que su pueblo salga adelante, debe elegir entre la felicidad de su amigo o retenerlo como mascota. Y es entonces cuando sale su carácter, vemos cómo madura, toma conciencia y decisiones, y claro, llora porque la vida es dura, pero no se lamenta, así es esto, sigue adelante. Eso, creo, es un buen desarrollo de personajes.

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