Una buena ambientación.

Por Daniel Serrano Robles.

El cofre del hombre muerto o Dead man’s chest es mi película favorita de Piratas del caribe, tiene cierto “ambiente” que me parece singularmente peculiar. Este ambiente oscila entre la trama y la escenografía: no es algo propio de los personajes o del desarrollo de la acción, tampoco es propio del vestuario, la música, la fotografía o los efectos especiales. Es como el carisma de un comediante o ese algo que tiene la mirada que te echa tu madre cuando haces algo mal: no sabes precisamente qué es, pero sabes que está ahí, su presencia o su ausencia puede cambiar radicalmente la percepción de la situación.

El “tono» de El cofre del hombre muerto es oscuro y trágico: los protagonistas sufren derrotas y hasta mueren, la paleta de colores es generalmente fría —o por lo menos la de los momentos más emblemáticos—, la música suele ser melancólica y sombría, el vestuario, los edificios y los barcos hacen ver que todo es decadente. Y a pesar de eso, es una película llena de vitalidad, en todo momento hay tensiones: Elizabeth tiene dudas emocionales, Will debe lidiar con que su padre es un pirata maldito, Jack se debate entre salvar su pellejo o ayudar a sus amigos, Davy Jones debe reprimir su frágil humanidad para seguir siendo el temible capitán del fantasmagórico “Holandés Errante”.

Esa combinación del tono y las tensiones es la que logra darle el ambiente trágico que la caracteriza y le diferencia de las demás películas de la franquicia. Esa combinación es la que hace que los detalles estén cargados de significado: la profunda tristeza de ver la furia, el odio, el poder de cada nota que toca Davy Jones en su enorme órgano a solar son su decepción de un corazón roto hace mucho; los años que se apuestan y comprometen la libertad de Will en una azarosa partida de dados por querer vivir en paz con su amada, mientras su padre se sacrifica y se entrega a una eternidad de servicio para protegerlo; Jack, acorralado por el Kraken, le planta cara al monstruo y debe enfrentar al fin las consecuencias de su hedonismo de la manera más digna posible.

Ejemplo de la importancia de este “ambiente” son las películas de terror y las comedias. Desde mi punto de vista, la película El niño tenía una atmósfera que por mucho tiempo me mantuvo al filo de la butaca, como se dice… ya que el final de la trama resultara muy chafa es otro asunto, pero su buena ambientación fue lo que me agradó de la película hasta entonces. Otro gran ejemplo es El rey león 3: literalmente, toda la película es un chiste, y a pesar del buen manejo de romper la cuarta pared, si sus productores no hubieran tenido claro el ambiente en el que se iba a mover la película no sería una película tan genial.

El título en inglés dice mucho: Dead man’s chest. La traducción es importante. Literalmente, se traduce como “El cofre del hombre muerto”; sin embargo, chest en inglés también puede ser “pecho”, el pecho de un hombre muerto, una excelente referencia a Davy Jones: una película sobre un hombre muerto que tiene el pecho vacío, que se ha sacado el corazón por una mujer. En cualquier sentido, una tragedia. Hay que tener claro qué se quiere hacer en las películas, y cuando se tiene claro eso, darle un buen ambiente es la culminación de un gran trabajo.

Deja un comentario