Studio Ghibli vs Dinsey: ¿es cuestión de calidad?

El otro día vi un meme que me llamó la atención. El chiste se reducía a decir que Disney hacía películas en serie, industrializadas; mientras que Studio Ghibli ponía todo el cariño y tiempo del mundo en hacer, casi de manera artesanal, una sola película en lo que Disney ya había hecho mil. Más allá de la risa —y que en parte es cierto—, lo que puede leerse entre líneas es que Studio Ghibli, a pesar de ser menos competitiva y productiva que Disney, entrega productos de mejor calidad por el cuidado y el empeño que pone en hacer películas.

Eso me hizo pensar en las diferencias que hay entre la industria japonesa y estadounidense en cuanto a la animación. ¿Será que hay mayor calidad en Japón que en Hollywood?

Es cierto, Disney – últimamente en mancuerna con los estudios Pixar-, acapara gran parte de la atención sobre la animación en el cine comercial; pero no son las únicas empresas que hacen películas animadas. También tenemos a los estudios DreamWorks, la 20th Century Fox y la Warner Brothers con propuestas interesantes como Shrek, Cómo entrenar a tu dragón o El gigante de hierro. Sin embargo, por alguna razón, se tiende a asociar a las películas animadas únicamente a temas y enfoques infantiles. Vaya, no está mal y seguro hay películas que se salen de esta línea, pero esa es una característica innegable de las producciones estadounidenses en cuanto a la animación.

Por su parte, en Japón, la animación tiene un enfoque totalmente diferente. Seguramente allá también tendrán su diferencia entre las películas comerciales y las de culto, pero también es muy característico de la animación japonesa su relación con las historietas o manga. Hasta donde tengo entendido, en Japón es muy común y difundida la lectura del manga, tanto así que es frecuente ver adaptaciones de esas historietas a películas o series animadas. Y creo que ese es el punto del por qué y el cómo se distinguen la animación estadounidense y la japonesa en cuanto a sus temas y el trato de los mismos.

Como en cualquier industria, hay distintos géneros que responden a diferentes públicos, y obviamente, el trato y tema varía dependiendo del mismo. El manga no es distinto de los comics o la literatura “occidental”.

Así como en Japón hay producciones infantiles como Doraemon, Dragon Ball, Sailor Moon, acá hay “comics” —o incluso de mayor categoría, novelas gráficas—, más serias como V de Vendetta, Sandman o Sin City. Entonces, si aquí igual se leen cosas diferentes a los cuentos de hadas, ¿por qué el género o el formato sigue pareciendo un estigma?

Últimamente está la tendencia de adaptar novelas e historietas a la pantalla grande: Harry Potter, Watchmen, Los miserables; sin embargo, muy pocas, o casi ninguna, se adapta en una película animada; es más, ya ni los clásicos de Disney se están refriendo en algo similar a los dibujos animados, todo es live action. Cada industria tiene su origen, sus condiciones y su trayectoria. Pero, el hecho de que en general la animación parezca valorada como algo “infantil”, quizás no sea una cuestión de calidad, sino de apreciación.

Sí, Studio Ghibli tarda más en hacer una película de lo que se tarda Disney, pero a lo mejor la apreciación de que sus animaciones —y en parte el hábito de la lectura— «valen» más quizás sea por lo mismo, porque ven a la animación no como algo infantil, pues, al final del día, la animación no es un género en cuanto a su contenido, es una técnica que se usa para decir algo. Puede parecer tonto, pero ya me gustaría ver que alguien del cine estadounidense se aventara el paquete de decir algo serio con animaciones, como La tumba de las luciérnagas o Akira, sin que le descalifiquen por el hecho de ser una animación. Será polémico y tendrá muchos matices, pero el día en que sea común ver animaciones nominadas a una Palma de oro o al Óscar a mejor película, a lo mejor la animación se verá con otros ojos.

¿Por qué nos divierte tanto la depresión?

Cientos de notas y posteos en las redes sociales recientes se han dedicado a señalar el tema de la depresión como una enfermedad moderna, un padecimiento que muchos viven y pocos tratan. Lo retratan como algo grave, y lo es. Sin embargo, ¿han notado que los personajes deprimidos son aquellos que nos ocasionan más gracia?

Puede que esté mal mi diagnóstico, porque que quede claro que no soy ninguna psicóloga ni profesional de la salud mental. No obstante estas mismas notas mencionan que algunos de los síntomas principales de la enfermedad mencionada son: estado de ánimo irritable, dificultad para conciliar el sueño o exceso de él, sentimientos de inutilidad y odio hacia si mismo, perdida de placer en actividades y sentimientos de desesperanza; entre otros.

¿No les suena familiar? Pues a mí sí, y no necesariamente porque los experimente sino porque son sorprendentemente comunes en varios de los personajes de mis series favoritas. Series que podrían ser catalogadas como comedia pero cuyos protagonistas simplemente son sujetos terriblemente conflictuados, adictos y en depresión.

¿No me crees? bueno, qué me dices de Rick Sánchez de «Rick and Morty», es un científico brillante pero que pasa el tiempo odiando al mundo y a sí mismo, ahogado en alcohol y evadiendo su realidad. Y ni siquiera me hagan empezar con el mismo Morty. Junto a ellos tenemos también a BoJack Horseman, quien es un caballo claramente deprimido y con serios problemas de adicciones.

¿Aún no me crees? bien, la serie de SyFy «Happy!» también tiene como protagonista a un ex policía alcohólico y que no puede hacer nada con su vida, tiene graves problemas de irritabilidad con el mundo y no consigue mantener una relación con nadie debido a su inestabilidad. Sin embargo, su humor negro y la violencia sin sentido del programa lo hace parecer cómico, casi agradable.

Vaya, no digo que los shows en particular sean malos, de hecho a mi me gustan bastante; empero creo que es necesario señalar ese aspecto ¿desde cuándo nos da tanta risa la inestabilidad mental ajena? ¿hemos caído en una especie de insensibilidad hacia el otro a causa de la comicidad de la depresión? No lo sé.

¿Lograste pensar tú en algún otro personaje deprimido?

El riesgo de lo normal… el cine de superhéroes

Cine Superhéroes

Por Daniel Serrano

El cine de superhéroes se ha vuelto algo normal en muchos sentidos… y eso me incomoda. Los superhéroes no nacieron en el cine, salieron de los cómics, sería ingenuo omitir el dato. Antes, hablar de comics era algo extraño: un ambivalente estigma y motivo de identificación. Hoy es algo más común, más aceptable porque los superhéroes pasaron de un nebuloso mundo —geek, friki, otaku, nerd, gamer— al mainstrem, a la cultura popular, a lo normal. Mi paso por los cómics fue bastante efímero; sin embargo, recuerdo con cariño y emoción las tramas y los diferentes personajes de cada historieta.

Lo que me gustaba de los superhéroes cuando empecé a leer comics era el tono épico de sus tramas: sus habilidades y capacidades, el riesgo que debían enfrentar; vamos, el mundo podía irse al carajo y sumirse en la destrucción si no ponían empeño suficiente. Y ese carácter épico se reflejaba en cada línea de diálogo, cada imagen, cada página era una maldita angustia por saber qué iba a pasar después. Todo era especial porque tenía la sensación de que había algo importante dentro de esas páginas. Y por eso es que me preocupa que el cine de superhéroes se esté convirtiendo en algo normaloide.

Me da la sensación de que esa importancia se ha diluido en las películas. Quizás es un visión nostálgica y paranoica, pero al ver que tantas películas repiten la misma fórmula generan la ilusión de que la repetición banaliza su mensaje. No lo sé, empiezas a ver tantos efectos especiales, técnicamente buenos y cada vez mejores, pero es tanto de lo mismo que ya lo ves con cara de “meeeh”.

Todo género que ha probado el éxito se satura, y, periódicamente, se reinventa. Le ha pasado al cine de acción, al de terror, al de la ciencia ficción y al de la fantasía. Probablemente la vaya a pasar lo mismo al de los superhéroes; vamos, no es la muerte del género. Hace algunas semanas, el afamado cineasta y guionista Quentin Tarantino criticaba la excesiva producción de este género y, aún más importante, su falta de originalidad por la tendencia a hacer adaptaciones o remakes. Y tiene razón. Lo atractivo es lo visual, del resto ni hablar: los personajes son cada vez más “humanos”, no un modelo a seguir; su apariencia ya no es estrafalaria, incluso va a la moda; los villanos ya no son una amenaza y enfrentarlos no parece riesgoso, ahora son terroristas que se enfrascan en juegos de policías y ladrones; los daños ya son colaterales, nada importa demasiado.

Quizás es un reflejo natural de lo que vivimos y de lo somos, y eso es lo que me incomoda, me preocupa el costo de que lo especial se vuelva normal, para bien, pero, sobre todo, para mal.

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